¿Qué es una pequeña comunidad?

Concepto de Pequeña Comunidad Samaritana y Misionera

La Pequeña Comunidad Samaritana y Misionera es una célula vital estable, orgánica y fraternal de personas evangelizadas, centradas en Cristo y llenas del Espíritu Santo, que se sienten responsables unas de otras, edificándose mutuamente y compartiendo lo que son y lo que tienen en la medida de su crecimiento cristiano y de su integración comunitaria.

Célula vital

La célula es la estructura biológica más pequeña, capaz de realizar por sí misma las tres funciones vitales: nutrición, relación y reproducción. Todos los organismos vivos están formados por células. Tomando esta definición del universo de la biología, podemos decir que una pequeña comunidad es una estructura capaz de nutrir la fe, generar relaciones humanas y fraternas y reproducir la imagen de Jesucristo, en cada uno de los creyentes. Así, la Iglesia, entendida como un organismo vivo, debe ser conformada por estas células vitales.

Estable

Es célula vital que de hecho ya ha probado su estabilidad, reconocimiento y aceptación de cada uno y de los demás. Tiene sentido de pertenencia, cohesión y solidaridad; realiza reuniones periódicas y tiene una asistencia fiel con participación activa de todos.

Orgánica

No es un grupo que hace una reunión ocasional, ni un conglomerado, sino un cuerpo vivo, bien articulado; con funciones diferentes pero complementarias, reconociendo, aceptando el lugar y la función de cada miembro dentro de la comunidad (todos activos).

Sintiéndose parte de un mismo cuerpo, cooperando para el bien de todos, funcionando de acuerdo a las leyes vitales del cuerpo, según la cabeza que es Cristo y animados por el Espíritu Santo.

Con la máxima heterogeneidad posible, hombres y mujeres con diferentes niveles, culturales, sociales y económicos.

Fraternal

Los une un principio profundo, con relaciones primarias cordiales, no mediatizadas; sin interés particular ni prejuicios; con conocimiento, intercomunicación e interacción de todos con todos, a nivel progresivamente profundo; lo cual sólo es posible en estructuras pequeñas, llegando a ser verdaderos hermanos en Cristo.

Personas evangelizadas centradas en Cristo y llenas del Espíritu Santo

No sólo son personas con funciones para una tarea, sino creyentes reconocidos y aceptados en la totalidad de su ser y de su situación.

Son seres humanos con rostro, nombre propio e historia, con interés positivo y cálido por todo lo que forma parte de cada individuo. Personas queridas por sí mismas, como parte insustituibles, que se les espera en las reuniones y se les extraña en su ausencia.

Personas convertidas realmente al Señor, con un corazón y un espíritu nuevo. Y consiguientemente con una nueva escala de valores, para descubrir y crear, un renovado orden humano.

Personas que buscan tener un encuentro personal y comunitario con Jesús resucitado, que se reúnen parar escuchar su Palabra, orar al Padre Eterno y celebrar juntos la Eucaristía.

Creyentes, que llenos del Espíritu Santo, se congregan y conforman la comunidad, a partir de su familia y vecinos del sector.

Caminan en el Espíritu, conducidos en todo por Él. Abiertos y disponibles a sus acciones y manifestaciones, para edificar el cuerpo de Cristo, siguiendo las orientaciones de los pastores.

Responsables unas de otras

Se sienten responsables los unos de los otros: se interesan y se preocupan por todos los aspectos de sus vidas, se hacen solidarios, apoyándose y cuidándose mutuamente.

Manifiestan interés y comunión, que va más allá de la reunión de todo grupo; actualizando la experiencia de las comunidades cristinas primitivas, las cuales “se mantenían constantes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones” (Hch 2, 42-47).

Edificándose mutuamente

Se ayudan unos a otros a crecer en todos los aspectos, mediante la exhortación mutua y el discernimiento en comunidad, para la búsqueda de la voluntad de Dios. Dando testimonio de lo que Dios está haciendo en ellos y manifestando la gloria de Dios con el servicio a los otros.

Compartiendo lo que son y lo que tienen

Poniendo al servicio de los demás sus talentos y carismas, su conocimiento y su experiencia, un solo corazón una sola alma, con apertura y compartiendo todas sus riquezas. Se reúnen semanalmente para escuchar la Palabra de Dios, orar en alabanza y acción de gracias, interceder unos por otros, reflexionar e impulsarse mutuamente al trabajo apostólico y al compromiso.

Se reúnen en ocasiones para comidas, estudio, trabajo, esparcimiento en común, convivencias, retiros, asambleas, peregrinaciones; reflejando así, una verdadera amistad en Cristo: “el amor de Dios en el corazón de la comunidad”.

Construyen y hacen realidad proyectos partiendo del contexto social parroquial.

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